Que no les embauquen

Crédito: @FCBarcelona

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Por @marsallorente. A nadie se le escapa que el Barça es un club poliédrico con muchas aristas. Con estirpes de visiones diferentes que, a veces, le convierten en una entidad cainita. Pero ni más ni menos de lo que pasa o pasaría en otras instituciones de la dimensión social del club azulgrana.
Pero resulta muy simplista justificar todo lo que sucede en la vida del club en base a una hipotética guerra de revanchas y celos. Lo de las irregularidades de Laporta no tiene nada que ver con eso aunque el bueno de Jan sea un especialista a la hora de confundir a la opinión pública. Ni Ñúñez tiene nada que ver en eso, ni pasaba por allí. Ya les gustaría a los culés que todos los expresidentes mantuvieran el elegante silencio que ha mantenido él. Y Joan Gaspart hizo una gestión llena de despropósitos pero no hay porqué involucrarle en las decisiones que tomó Laporta en sus dos mandatos que duraron 7 años y 8 días.
Precisamente, el primer gran incumplimiento electoral de Laporta fue no levantar las alfombras y pedir responsabilidad, si es que las hubiera, a la directiva cesante. Como si el mirar para otro sitio fuera su manera de ganarse una futura impunidad en su gestión.

Ahora una sentencia del Tribunal Supremo ha obligado a Laporta y varios de sus directivos a avalar 23,2 millones de euros por pérdidas no reconocidas en el ejercicio de su mandato. O sea que cometió una ilegalidad, y en este caso, sin el adjetivo de presunto puesto que la sentencia es firme. Y ese aval no es un capricho ni la revancha de nadie, es la garantía que prevé la ley para salvaguardar los intereses de los socios y por ende la buena salud de la institución.
La única culpa de ese incumplimiento es de Joan Laporta y de su Junta que estando obligados a avalar no lo hicieron y la ley dice que debieron hacerlo.
Los tribunales no entienden de rencillas ni conspiraciones, solo entran a valorar si alguien incumplió las reglas de juego. Y está claro que Laporta y su junta lo hicieron, lo que supone una grave violación de los derechos más elementales de los socios. Seguro que algunos directivos obligados ahora a avalar no tuvieron ninguna mala fe pero cuando a Laporta le dimitían directivos a diario al ser conocedores de las irregularidades que cometía tuvieron la oportunidad de bajarse de ese tren descontrolado y no lo hicieron.
Laporta y su junta tuvieron muchos éxitos deportivos pero ello no les ampara ni les legitima a formular unas cuentas de pret a porter ni incumplir las leyes a su antojo. Es significativo que Jueces, Juzgados, Audiencias, auditores, Tribunales Catalanes de l’Esport sentencien incumplimientos sistemáticos de la legalidad vigente por parte de la junta de Laporta.
Que quede claro, no se trata de revanchas ni facturas pendientes sino de exigir gestiones honestas y responsables en base a unas normas que son la garantía de los derechos de un club cuyos socios son propietarios por igual. Lo que todavía está por ver es si los dos mandatos de Laporta arrojaron pérdidas y si deben responder por ello. La acción de responsabilidad que aguarda turno en los tribunales lo dirimirá.
Si ahora se atienden las plegarias de misericordia y se indulta a Laporta, los socios perderán para siempre la autoridad moral para poder exigir responsabilidad a los futuros presidentes que no pudieran ser diligentes en su gestión.
La junta de Rosell ha avalado con su dinero como obliga la ley y si su gestión económica es deficitaria se exponen a que también los socios les apruebe una acción de responsabilidad. No se entiende por qué Laporta y su junta deben ser un excepción ¿O es que si el equipo gana están legitimados para dejar el club como un solar? Pues esa es la teoría equivocada de los fieles vociferos que todavía tiene el expresidente.
No es una cuestión ni de Núñez, ni de Gaspart, ni de Rosell, ni de saber quién hay detrás de las demandas porque si hay algo que agradecerle es ha conseguido defender los intereses colectivos de los socios ante la justicia. Aquí los únicos responsables de la ilegalidad fueron Laporta y sus directivos que tomaron sus propias decisiones libremente a pesar de que sus teorías a “la carta” iban quedando por los suelos como cuando el juez condenó, por primera vez en la historia del club, al presidente del momento a convocar inmediatamente elecciones en verano de 2006. Esto no es ninguna guerrilla racial ni la consecuencia de ninguna división del barcelonismo. Esto es simplemente, la irresponsabilidad de una junta que aprovechó que el aire deportivo soplaba a favor para declarar el palco una ciudad sin ley. Que no les embauquen.

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