LAS RAZONES DEL ADIÓS DE ABIDAL

Eric Abidal

Eric Abidal

El deporte de élite es extremadamente contradictorio. Su gran atractivo es que mezcla la competitividad que exige llevar la condición física al límite con los valores más humanos como los de la solidaridad, el trabajo en equipo o el espíritu de superación.
Pero en cambio, ese matrimonio acaba siempre por separarse. Llega un momento en el que la exigencia del alto rendimiento se vuelve muy cruel y discordante con los sentimientos humanos más elementales como el agradecimiento.
Y por muy duro que parezca no hay que obviar que jugar un partido de fútbol de élite es, en la actualidad, como correr una maratón según sostienen muchos preparadores físicos. Y no hay médico en el mundo que pueda asegurar que un cuerpo trasplantado de hígado esté preparado para hacer una maratón cada 3 días porque no hay precedentes en el caso de Abidal. Por tanto, las dudas son más que razonables desde el punto de vista técnico, físico y médico.
Y eso no inhabilita a Abidal para demostrarse a sí mismo que puede seguir jugando y es lógico que después de luchar tanto quiera colgar las botas cuando él quiera y no cuando le diga su enfermedad. El Barça le espera para después.
Y las comparaciones que algunos están haciendo sobre la diferente protección de la directiva entre Tito Vilanova y Abidal son un disparate mayúsculo porque uno trabaja de atleta con la exigencia física que ello supone y el otro puede ganar una liga dirigiendo durante 2 meses el equipo desde la distancia y no necesita tener un cuerpo capaz de recorrer 8 km en una hora.

Sentimentalmente, Eric Abidal merecía ser renovado por todo lo que ha luchado pero, por otro lado, exigimos a los dirigentes que se muevan estrictamente en los parámetros profesionales. Tito, Zubi y Rosell lo tenían muy fácil para tomar una decisión muy popular pero han preferido ser valientes y honestos anteponiendo los intereses del club a sus propios deseos. Compartamos o no la decisión hay que respetarla porque es técnica, como tantas otras.
El mismo jugador también ha rechazado siempre ser tratado de manera privilegiada o con una excesiva misericordia. Y ahí es donde está el resbalón de la directiva. Que algunos se precipitaron alimentando las ilusiones de continuidad del jugador cuando estaba en la recta final de su recuperación.
Las dos posturas son comprensibles. Porque no lo puede ver igual el que evalúa desde el tendido que el que tiene un miura delante.
Aquellos que no tenemos la obligación de administrar los recursos deportivos para responder a la exigencia de la competitividad hubiéramos renovado a Abidal con los ojos cerrados. Pero a los técnicos, al Director Deportivo y, en última instancia, al presidente se les escogió para tomar decisiones bajo parámetros profesionales, de lo contrario Silvinho debería seguir jugando por poner un ejemplo de jugador querido y extranjero no hecho en la Masia.
Los mismos que habríamos renovado a Abidal somos los que luego exigiremos al Barça que siga ganado todos los títulos. Y cuando llegue el día de la derrota los discursos cambian y se deshumanizan. Y la decisión que debía tomarse con el corazón se convierte en un error de mal gestor.
Lo que está claro es que Abidal no es un jugador más. Ha sido un ejemplo de superación, de honradez, de lucha sobrehumana, una lección vital para todos.
Y es ahí donde el club ha demostrado su sensibilidad ofreciéndole al bueno de Eric ser el transmisor de esos valores que él encarna y que el club quiere inculcar a todo aquél que sueñe con jugar en el primer equipo del Barça, y esa es una responsabilidad o un premio mayor que jugar una temporada más vestido de corto.

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