La esencia del fútbol. Barça y Madrid, un modelo de éxito y otro de fracaso.

Por @marsallorente. Algunos creen que el circo del balón ha dejado de ser un deporte para convertirse en una competición mercantilizada y mercantilista. Es innegable que el dinero ha marcado diferencias abismales entre los clubes de la élite y el resto pero los códigos y valores del juego siguen siendo los mismos. Lo más bonito del fútbol es que, como en la vida, el dinero no te da la felicidad. El de la pelotita es un deporte muy complejo de apariencia sencilla. Por eso los multimillonarios árabes y rusos no consiguen construir equipos campeones a pesar de los millones invertidos, o mejor dicho, derrochados. Y cuando no respetas las esencias, el fútbol te castiga. Y puede ser muy cruel. El Barça y el Madrid representan muy bien los diferentes modelos para llegar a una misma meta. El club azulgrana prioriza las decisiones técnicas para conseguir éxitos deportivos que reporten dinero para fichar no lo más caro sino lo más necesario. La entidad blanca, sin embargo, cambia los factores para intentar llegar al mismo sitio. Prioriza el rendimiento económico a las decisiones técnicas para cuadrar los números aún sin éxitos deportivos. Esta última opción puede ser pan para hoy y hambre para mañana porque como dijo Jorge Valdano no hay ninguna afición que se tire a la calle para festejar una buena cuenta de resultados y un club no es un banco ni un fondo de inversión en el que lo que cuente sea el resultado económico sino los títulos deportivos. El modelo Florentino es fichar lo recomendado por el director financiero antes que por el secretario técnico. Por eso en este modelo de Florentino el Madrid se queda con los derechos de imagen de los jugadores. Porque quiere que los ingresos lleguen por el valor individual del crack de turno cuando el fútbol es un deporte de equipo. Este modelo merengue es tan perverso que un entrenador debe hacer jugar a un determinado futbolista porque el club necesita ponerle en el escaparate para que venda anuncios y amortice la millonada que ha costado aunque en la plantilla pueda haber otro jugador que esté en mejor forma que él pero que no se tan mediático. Lo comercial por delante de lo deportivo. Eso es traicionar la esencia del fútbol. Carlo Ancelotti ha reconocido abiertamente en su último libro que “Hoy en día, con frecuencia, las situaciones económicas y comerciales imponen unas decisiones que van más allá de las exigencias estrictamente técnicas”. El entrenador italiano está asumiendo que los intereses económicos condicionan muchas de sus decisiones técnicas y eso, pongámonos como queramos, es traicionar las esencias del fútbol. Eso se paga y no con dinero sino con fracasos. Por poner algunos ejemplos, Bale aterrizó sin pretemporada y fue titular nada más llegar en Villarreal. Una semana después se lesionó en el calentamiento previo a su debut en el Bernabéu ante el Getafe cuando Florentino había reunido a sus patrocinadores para presumir de su fichaje de los 100 millones. En la salida de Özil pesó más lo económico que lo deportivo, ya que el club necesitaba el dinero para acometer el fichaje de Bale. El técnico italiano dio el visto bueno a la marcha del alemán que dejaba más plusvalía que Di María dado que el argentino costó 25 millones por los 15 de Özil. Carletto siempre ha estado a las órdenes de dueños de club o presidentes muy influyentes: Berlusconi, Abramovich, Al Khelaifi, Florentino… y ha aprendido a ser complaciente con los deseos de estos dirigentes con mucho dinero y poco conocimiento futbolístico pero muy dados a hacer de entrenadores desde el palco. Afortunadamente el fútbol no es tan sencillo. Y fichar grandes jugadores que generan mucho dinero no te asegura el éxito deportivo porque un equipo es un puzzle muy complicado en el que lo importante no es tener muchas piezas sino la que realmente necesitas para que encaje todo.

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El Barça también compite con el Madrid por conquistar títulos y por ganar más dinero pero lo quiere hacer a partir del éxito deportivo colectivo y no a través del rendimiento comercial individual. Por eso el Barça ficha en función de las necesidades técnicas y deja que sean sus jugadores los que se gestionen ellos mismos sus derechos de imagen. Así se consigue en el Camp Nou, por una parte, que el entrenador sólo decida bajo sus criterios técnicos sin estar condicionado porque al club le convenga que un jugador haga más anuncios que otro , y por otra parte, que el equipo se construya buscando la pieza que le falta para encontrar el equilibrio del conjunto y no al futbolista que tenga un valor más alto en el mercado. La pieza de puzzle que encaje. En los últimos años, en can Barça lo deportivo y lo colectivo es prioritario. Y a partir de allí vendrán los títulos que reportaran más prestigio a la entidad y, por tanto, más dinero. Son dos modelos diferentes pero es evidente que el del Barça respeta más el código del fútbol y, seguramente, algo tendrá que ver en que en los últimos 10 años los azulgrana hayan ganado 21 títulos y los blancos 4. Esa es la diferencia de modelo. Eso es lo que realmente debe ser intocable en la cultura azulgrana. Otra gran diferencia es que en el Barça de los últimos 20 años el modelo es artesanal. El edificio hay que empezarlo desde los fundamentos y no por el tejado. En can Barça se ha definido un estilo de juego acorde con la cultura del club y atractivo para la afición con el que se sienta identificada. Se han escogido entrenadores que encajaran en ese estilo y se han formado en la cantera, o fichados de fuera, a jugadores con las características adecuadas para hacer funcionar ese estilo. En cambio, en el Madrid se han fichando entrenadores de perfiles radicalmente opuestos con sistemas de juego diferentes y se han comprado a los grandes cracks que han lucido más en lo individual que en lo colectivo. Mientras en Madrid se discute de jugadores (Casillas o Diego López) en Barcelona se habla de estilo de juego.Son dos modelos diferentes pero es innegable que el del Barça es mucho más respetuoso con los códigos del fútbol. Y nos guste o no, la esencia del fútbol sigue siendo sagrada.

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