Intervenir con precisión quirúrgica

El mosaico ante el Bayern

La contundente derrota del Barça frente a un Bayern poderoso tiene su lado positivo. Los propios futbolistas azulgranas ya saben que han dejado de ser los mejores después de levantar 15 títulos (si se consigue la liga) en 5 años y “mandar” en Europa con 3 Champions y 6 semifinales consecutivas. Ganar la liga tiene mucho mérito pero la poca competitividad reinante en el campeonato doméstico ha demostrado que para jugar más allá de los pirineos necesitas mucho más.

No se acabó un cicló porque esa expresión comporta cambiar de entrenador, variar el estilo de juego y prescindir de una buena parte de jugadores y eso tiene más probabilidades de suceder en el Santiago Bernabéu que en el Camp Nou. Pero sí ha terminado una etapa. Tito Vilanova debe coger el bisturí sin titubeos. Y volver a situar el listón de la exigencia en lo más alto. Parece que esos 5 años de gloria compartida y agradecimiento para con estos jugadores le ha podido condicionar en el momento de retirar titularidades en favor de los canteranos a los que elogió al diseñar la plantilla pero que, a la hora de la verdad, tanto ha infrautilizado. Su gran capacidad para analizar los partidos ha contrastado con la poca utilización de las 3 substituciones para cambiarlos sobre la marcha.

En este caso, el entrenador debe aprender de la afición del Camp Nou que hace tiempo que ha dejado los sentimentalismos a un lado y juzga a sus futbolistas, no por lo que hicieron o ganaron sino por lo que rinden actualmente, no perdona la indolencia sobre el césped y censura sin miedo a los futbolistas que se acostumbran a jugar por decreto. Más de uno ayer se dio por aludido. Guardiola había detectado la anomalía y aunque no se vio capaz de atacarla dejo dejó dicho el diagnóstico. “La credibilidad debemos ganárnosla cada día. Si no me marcho al final nos haremos daño”.

Claro que hay una buena plantilla pero se puede desperdiciar si no se produce una regeneración importante. Y en esta sentido, el director deportivo, Andoni Zubizarreta, parece no estar por la labor si nos atenemos a su más que discutible decisión de renovar a Carles Puyol por 3 temporadas más. En el tema de los fichajes hay que atinar mucho más. Cualquier adquisición puede acabar saliendo bien o mal pero lo que es inadmisible es que se fiche a un futbolista para jugar de central y a los dos días darse cuenta que tiene perfil para jugar de todo menos de eso.

Nadie sabe a ciencia cierta si hay mal ambiente en el vestuario azulgrana pero la sintomatología no es buena. Consumada la eliminación en Champions, uno de los jugadores importantes insta a tomar decisiones, el portero anuncia a mitad de temporada que no quiere renovar, algunas vacas sagradas son titulares por decreto aún no estando bien y otros eligen cuando juegan.

Sandro Rosell no es ciego aunque ayer se pronunciara con la serenidad y la prudencia con la que se le debe exigir a un presidente que no puede desbarrar como le pedía el cuerpo a cualquier aficionado. El presidente siempre ha sido más de hechos que de palabras.
Es la hora de tomar determinaciones por más crueles que parezcan y no valorar a los futbolistas por lo que hicieron sino por lo que pueden hacer.

Seguro que Tito Vilanova ha detectado el foco de la infección. Esperemos que no le tiemble el pulso, intervenga con precisión quirúrgica y ponga el mismo arrojo y entereza que ha demostrado enfrentándose a su enfermedad.

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