El verdadero crack

Thiago Alcántara

Su fútbol desprende un talento inmenso y tiene el desparpajo propio de los que se saben superiores. Su juego es perspicaz. Visualiza el pase, la asistencia, el centro que ve todo el mundo desde la tribuna pero con la dificultad de no tener esa privilegiada perspectiva del aficionado y estar recibiendo la presión de un par o tres de adversarios dispuestos a taponar la hemorragia que va a provocar.

El último pase es la especialidad de la casa. Un superdotado en la realización. Ejecuta lo impensable y piensa lo inejecutable. Tiene la misma capacidad de Ivan de La peña en la asistencia pero con más precisión y mejor eficacia. Y los delanteros saben que es un bien de Dios porque pone el esférico justo donde debía ponerlo para otorgar esa ventaja necesaria que permite culminar al goleador. Su fútbol es imprevisible y un tanto arrogante. Capaz de fajarse de un rival con un “caño”, de entregarla de primera con el tacón, de pisarla para crear la incertidumbre que ofusque al rival, de hacer un arrastre para disfrazarse de trilero y decir aquello de ¿dónde está la bolita?.
Como en los mejores “Thrillers” todo puede pasar. Nadie puede predecir el final de su intervención.

Es, también, un llegador, que es como los entrenadores les gusta llamar a esos centrocampistas que llegan de segunda línea para que la superioridad numérica de atacantes provoque el titubeo de los defensores. Ha hecho goles de bandera. De jugada individual, de combinación, con la derecha, con la izquierda o de falta directa, como aquella que transformó desde 40 metros en la final de la Eurocopa Sub-21 que significó su gran explosión, en 2011.

Cuanto más potencial tiene uno más exigencia debe soportar y en esa tarea están los técnicos del Barça sabiendo que manejan una piedra preciosa y única. El buen fútbol le reclama cada sábado pero los entrenadores quieren acabar de pulirle para que ese diamante se acerque, aún más, a la perfección. Está en pleno proceso de maduración, lo que significa que tiene derecho a errar pero la obligación de aprender y enmendar. Evitar las pérdidas de balón en zonas de riesgo y marcar la pausa propia de un metrónomo son la dos últimas lecciones que parece haber aprendido.

Se nota que el buen fútbol corre por sus venas. Su padre le inculcó que el balón solo te recompensa si le tratas bien. La combinación de es Adn al que llaman talento innato que todo futbolista sobresaliente debe tener combinado con la pedagogía absorbida en la Masia parece haber sido la pócima mágica. La llegada de Neymar atisba una conexión brasileña puede volver a poner la samba de moda en l’Estadi. Dicen que su hermano no le va a la zaga en el Mini, que incluso va a ser mejor. Nadie lo pone en duda y solo el futuro tiene la respuesta. Hoy, por el momento, el presente nos dice que en el Camp Nou hay otro crack. Thiago, Thiago Alcántara. Recuerden su nombre. Está destinado a marcar una época con el permiso de Xavi e Iniesta, los maestros de un alumno aventajado.

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