El Tata es una joya.

Por @marsallorente. El Barça llega a la fase decisiva y decisoria de la temporada en plenitud de facultades. Se ha sobrepuesto a ausencias importantes, lesiones inoportunas y exigencias del calendario con una solvencia indiscutible en las 3 competiciones de la temporada en juego y con el título de la Supercopa en el Mueso. En la liga, no ha dejado ni una sola jornada de ser líder, en la Copa está ya con pie y medio en los cuartos de final y en la Champions se encuentra en los octavos habiendo acabado la liguilla primero de su grupo.

Pero más allá de los resultados, difícilmente mejorables, lo realmente encomiable es la inteligente gestión de la plantilla. Y aquí es donde emerge la figura del entrenador.
El Tata Martino ha distribuido los minutos con mucha destreza y tino. Ha sabido dosificar esfuerzos haciendo sentir importantes a todos los integrantes de la plantilla que, en mayor o menor medida, han tenido su oportunidad. A excepción de Tello, cuesta encontrar a un jugador que se haya sentido infrautilizado por el técnico argentino. Así se ganan el respeto los entrenadores, siendo justos.
También ha conseguido un trabajo de mentalización importante en unos jugadores que para algunos ya iban con la barriga llena y que, difícilmente, volverían a tener hambre de títulos. Hoy, se les ve más centrados, confiados y ambiciosos que nunca.
Pudiera parecer fácil pero no lo fue. El trabajo del Tata ha sido puesto en duda por un entorno excesivamente exigente. Por momentos, las críticas fueron merecidas dado que el equipo mostró en lo táctico algunas dudas y su fútbol no siempre fue espectacular. De primeras, al técnico le costó aceptarlas porque alguien le mal asesoró haciéndole ver que le prejuzgaban por no llamarse Pep o no haber nacido en Holanda. Luego entendió que aquí no solo vale ganar sino que también es muy importante el cómo. Ya, menos intoxicado, el propio Martino también se dio cuenta de que un equipo alargado y sin el balón siempre en los pies era un mal plan para unos jugadores formados en una misma manera de jugar y acabó por compartir esas críticas aunque le dolió, y con razón, que los extremistas le acusaran de traidor del estilo. Los puristas desempolvaron sus escopetas demasiado pronto, sin permitir que el técnico foráneo pudiera poner sus matices. La evolución siempre provoca cierto rechazo. Pero el Tata nunca pretendió ninguna revolución. Dentro de una manera de jugar innegociable intentó algunas matizaciones, como las transiciones más rápidas y el despliegue puntual al contragolpe en momentos en los que el rival se sobrepasa en el tuteo. Esa variedad de repertorio ha enriquecido al equipo que sigue jugando igual que siempre pero con más variables que nunca.
El Tata ha sido un entrenador valiente y con determinación. En verano, decidió no fichar a ningún central y esperar a Puyol en contra de la opinión mayoritaria. Puede que le salga mal pero hay que rendirle pleitesía por el respeto y la sensibilidad que mostró hacia el gran capitán, al que muchos ya había enterrado. Los de la cantera como Bartra, Montoya o Sergi Roberto están jugando con cierta regularidad. La clase media, representada en Pedro y Alexis, se siente importante. Algunos fenómenos, como Cesc, han crecido. El entrenador también ha marcado bien los tiempos con los cracks. Gestionó con maestría la adaptación de Neymar e indicó una pretemporada nueva para Messi con el objetivo de compensar la que no la hizo en verano cuando él todavía ni se imaginaba en el banquillo del Camp nou.

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Dentro del campo el Tata demostró ser un buen estratega. Lejos del césped es un señor. Dominador de la palabra justa. Comprensivo con la idiosincrasia tan compleja del club y su cultura futbolística. Inmensamente respetuoso con la afición propia, aunque no siempre acompañó en masa al equipo en el Camp Nou; con la prensa catalana a la que tanto le gusta buscar el porqué, con los árbitros tan vilipendiados desde las salas de prensa, con los bochornosos comités, o con los adversarios. No se le conoce ningún enfrentamiento agrio. Al contrario, sus gestos son amables. Quizás por ello no se lleva nunca ni una portada.
Su comportamiento conciliador proyecta una imagen inmejorable de una institución tan preocupada de su estética como lo es el Barça. Su discurso está desnudo de solemnidad pero vestido de coherencia. No es fácil meterse en pocos charcos, por no decir ninguno, cuando tienes que enfrentarte a 25 preguntas cada 3 días y cada una de tus palabras es analizada con las pinzas en una mano y el bisturí en la otra.
No quiere ser portavoz único del club, ni dárselas de “Manager General”, ni ejercer de presidente “in pectore” ni ser el pacificador de las masas en un club tan cainita como el Barça. El Tata, sencillamente, pretende ser un gran entrenador… y está demostrando que lo es.
Al contrario de lo que dicen en Argentina, da la sensación que lleva la presión con naturalidad, y nada ni nadie parece apartarle de su guión.
Un buen entrenador necesita un gran club como el Barça para desmostar su competencia. Ahora, pasados unos meses, parece que es el Barça quién más le necesita a él. Como siempre los resultados acabaran determinando si entra o no en el olimpo de los mitos pero, de momento, parece el técnico idóneo para el club azulgrana.
Aunque hoy parezca un pecado elogiar al presidente es de justicia reconocer que Sandro Rosell, aparentemente, acertó en la difícil elección. El Tata es una joya.

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