El gigante Messi conquista el Madison de nuevo

[ARTÍCULO PUBLICADO EN MARCA12.04.2013]

Se dice que el momento más grandioso del Madison Square se produjo el 8 de mayo de 1970, y no tuvo como protagonistas a Muhammad Alí, Frank Sinatra o Led Zeppelin. El hombre se llamaba Willis Reed, excelente pívot de los Knickerbockers de Nueva York, que buscaba su primer título de la NBA. Reed se había lesionado en el quinto partido de la serie final frente a aquellos Lakers trufados de estrellas, con Jerry West, Wilt Chamberlain y Elgin Baylor a la cabeza. Era un equipo desesperado por acabar con la hegemonía de los Celtics.

Willis Reed se lesionó en el quinto partido, una rotura muscular en su pierna derecha que significaba el final de su participación en las series finales. En el sexto partido, los Lakers destruyeron a los Knicks. El imparable Chamberlain aprovechó la ausencia de Willis Reed para anotar 45 puntos y capturar 27 rebotes. El último y decisivo partido se disputaba en el Madison Square Garden. El deprimido ambiente de Nueva York presidió las horas previas al duelo. Sin Reed no había forma de detener a los Lakers.

Momentos antes al partido, algunos de los jugadores más importantes de los Knicks, entre ellos Bill Bradley, Walt Frazier y Dave DeBusschere, se reunieron con Reed para pedirle un último esfuerzo. El pívot aceptó. Se inyectó un potente analgésico y se vistió para jugar. En las gradas del Madison comenzó a escucharse un rumor: ¡Willis Reed jugará! La expectación se convirtió en un clamor cuando el jugador apareció en la cancha con el resto de los jugadores. Un aparatoso vendaje cubría el muslo de su pierna derecha.

Contra todas las previsiones, la presencia de Willis Reed no fue testimonial. En medio de un pandemonio de emoción, Willis Reed se integró en el quinteto titular. El Madison rugió. Cojo, sin apenas capacidad para desplazarse, Reed encestó las dos primeras canastas de su equipo, dos tiros de media distancia que produjeron un impacto colosal en los Knicks y la perplejidad en los Lakers. Fueron los únicos puntos de Reed en el partido. Vencieron los enardecidos Knicks y conquistaron su primer campeonato. El efecto Reed decidió el destino del encuentro. Hasta hoy, se considera que es el momento más memorable en la imponente historia del Madison Square Garden.

Cerca de 43 años después, el Camp Nou vivió un acontecimiento de la misma magnitud. Desbordado por un poderoso París Sain-Germain, sin juego, machacado por las lesiones, desfigurado como nunca en los últimos cinco años, apenas sostenido por el maravilloso Iniesta, el Barça estaba en una situación crítica. El magnífico gol de Pastore acreditaba la superioridad del equipo francés. Inmediatamente después del gol, Messi salió del banquillo para ejercitarse. El Camp Nou, un estadio poco generoso con las emociones, se transfiguró. La electricidad se apoderó de la hinchada y el entusiasmo alcanzó lo indescriptible cuando Messi ingresó en el campo. Faltaba media hora para el final del partido.

El efecto Messi cambió radicalmente el destino del encuentro. Era un Messi disminuido por el dolor, preso de una cojera evidente, probablemente al borde de una rotura total. Sin embargo, pocas veces en la historia del fútbol, quizá nunca, un jugador ha tenido un impacto tan potente en el ámbito anímico y psicológico. El París SaintGermain entró en crisis inmediatamente. Se paralizó. No volvió a generar una jugada de peligro en la última media hora. El Barça se enganchó a Messi y a lo que significó en el plano simbólico: la capacidad para decidir un partido por el inmenso prestigio de su nombre.

Como Willis Reed frente a los Lakers, Messi intervino en las dos o tres primeras jugadas, influyó notablemente en el gol del empate y luego apenas participó en el juego. La importancia de su presencia fue de carácter intimidatorio. El París Saint-Germain no tuvo un plan de emergencia, una solución mental para el problema que suponía un jugador muy lastimado. Lejos de ver al Barça con 10 jugadores, le vieron como a un ejército, una fantasía letal para el buen equipo de Ancelotti. Sucumbió por parálisis emocional como 43 años antes les ocurrió a los Lakers en el Madison. Entonces el factor diferencial fue un pívot cojo de 2,06 metros. En el Camp Nou la diferencia la marcó un gigante de 1,69.

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